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  “TENGO LA ESPERANZA DE VER A ALGUIEN QUE DEJE DE BEBER GRACIAS A NUESTRO TRABAJO”

El consumo nocivo de bebidas alcohólicas provoca la muerte de al menos 2.5 millones de personas cada año. Frente a esta realidad, un grupo de investigadores del ICDB, liderados por el doctor Yedy Israel, está desarrollando una terapia génica, única en el mundo, que permite rechazar el alcohol y evitar los excesos.

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Es un tema que lo apasiona y lo obsesiona. El consumo excesivo de alcohol, además de sus consecuencias, ha sido el motor que ha guiado la investigación del doctor Yedy Israel. Doctor en bioquímica de la Universidad de Toronto, académico de la Universidad de Chile e investigador senior de nuestro instituto, sabe al dedillo las oscuras cifras del alcoholismo.

En Chile, por ejemplo, un 6 por ciento de la población es alcohólica, es decir, son personas que dependen del alcohol para funcionar. Junto con ello, hay un 20 por ciento de la población constituida por bebedores problema, quienes consumen en exceso y se exponen a situaciones de riesgo en distintos ámbitos de su vida. Pero el doctor Israel va más allá. El alcoholismo hace perder a la sociedad chilena 3 mil millones de dólares al año, cifra no despreciable si se considera que el terremoto de febrero de 2010 tuvo un impacto económico de 8 mil millones de dólares.

Después de años de investigación, el doctor Israel enfatiza que el alcoholismo tiene una doble componente: “Un 60 por ciento se explica por factores hereditarios y un 40 por ciento por factores medioambientales, entre ellos, factores religiosos, culturales, de permisividad, política de precios, acceso, poder adquisitivo, etc. Por ejemplo, en los países del mundo árabe es muy difícil transformarse en alcohólico porque no se dispone de él. Y como el ambiente no lo permite, esos genes no pueden expresarse”.

Frente al consumo desenfrenado de alcohol, un grupo de investigadores de nuestro instituto, liderado por el doctor Yedy Israel está desarrollando una terapia génica, única en el mundo que permite rechazar el alcohol y evitar los excesos.

¿Cómo llegó a interesarse por el tema del alcoholismo?
En la década de los ´50 el profesor de la Universidad de Chile, Jorge Mardones, creó en un laboratorio el primer grupo de ratas bebedoras. Este es un hito en el tema del alcoholismo, ya que en el mundo sólo hay cuatro iniciativas de este tipo mantenidas para fines científicos. Una de ellas sigue en manos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Fue el profesor Mardones quien me motivó a dirigir mi doctorado al tema del alcoholismo. Después trabajé con el experto mundial en Canadá, Harold Kalant. Fui director del hospital del alcoholismo en Ontario con 50 mil pacientes y comencé con las primeras líneas de investigación en terapia génica.
Cuando empecé a hace los estudios genéticos me invitaron a venir a Chile y, al mismo tiempo, me ofrecieron construir este laboratorio (Laboratorio de Farmacoterapia Génica de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile) donde hemos formado núcleos nacionales orientados a la investigación de frontera.

¿Podría contarnos acerca de la experiencia con las ratas bebedoras?
En el laboratorio se criaron dos razas de ratas: un grupo al que le gustaba beber alcohol al 10 por ciento y otro abstemio. A ambos se les ofrece alcohol y agua durante varios meses En el caso de las ratas bebedoras se observó que son capaces de beber hasta 1 litro de whisky al día para 70 kg de peso. Por su parte, el grupo de ratas abstemias no bebe prácticamente nada e incluso rechaza el alcohol.
Después de varios meses al grupo de ratas bebedoras se les quita el alcohol durante unos 4 ó 5 días, se observa en ellas todos los síntomas del síndrome de privación y están desesperadas por consumir nuevamente porque dependen del alcohol para funcionar.

¿Cuál fue el paso siguiente?
Nuestras investigaciones se centraron en determinar cuáles son los mecanismos que hacen que algunas personas en el mundo no se conviertan en alcohólicas, a pesar de que en su entorno sí encontramos personas alcohólicas, ¿qué descubrimos? encontramos que hay personas que metabolizan el alcohol en forma diferente, lo que les ayuda a estar protegidas.
En la población asiática, por ejemplo, existe un porcentaje de personas que no puede consumir alcohol porque le provoca nauseas, dolor de cabeza, enrojecimiento fácil y palpitaciones. Este grupo –que está protegido entre un 66% a 100% contra el alcoholismo- no posee la enzima hepática que destruye un producto generado en nuestro cuerpo al consumir alcohol denominado acetaldehído. Como consecuencia de ello, estas personas puedan consumir sólo un tercio del alcohol que pueden beber las personas que tienen la enzima hepática normal. Es decir, el gen que genera la enzima normal es un gen permisivo del alcoholismo.

Ésta es entonces la base de su investigación.
Exactamente. Hemos desarrollado medicamentos génicos llamados de “antisentido” pues bloquean el sentido de la lectura de un gen, en este caso del gen permisivo del alcoholismo. El hígado es el que produce este compuesto desagradable y nuestros esfuerzos están orientados a producir medicamentos genéticos que permitan aumentar los niveles de acetaldehído o que no lo destruyan.

¿Cómo fue la experiencia con las ratas y los medicamentos génicos?
Animales a los que se dio beber una solución alcohólica presentaron un marcado rechazo al alcohol después de haberse administrado los medicamentos génicos. Este rechazo es de la misma magnitud que se observa en individuos en Asia que no producen esta enzima activa. Estos resultados demuestran que la terapia génica será factible en el futuro, siendo la mantención prolongada de este efecto lo que determinará su uso en humanos.

¿A qué resultados arribaron?
Hemos hecho ambas cosas y en animales el resultado es que dejan de beber entre un 50 y un 60 por ciento. De esta forma, se transforman en ratas abusadoras de alcohol que podrían ser tratadas con una terapia cognitivo conductual. Ya no son animales tan dependientes del alcohol. Estos nuevos medicamente génicos duran entre un mes a un año con una sola inyección.

¿Después se les dejaría la misión a los terapeutas?
Tal como lo señalé, la experiencia ha demostrado que las terapias cognitivo-conductuales han resultado bastante efectivas en etapas tempranas del alcoholismo. En mi caso he probado este tipo de terapias en ciudades enteras y funciona muy bien.
En el otro extremo, si las personas pasan a un nivel en el que prácticamente no tienen control de sus necesidades y dependen del alcohol, se debe acompañar las terapias con fármacos, que deben ser tomados tres o cuatro veces al día, situación que dificulta su éxito en el tiempo.

¿Cuánto falta para que estos estudios sean una realidad farmacológica?
Para que una droga llegue al mercado se necesita mucha inversión y casi una década desde que comienza a probarse en animales. Hay que considerar, además, que Chile es un país muy pequeño y su industria farmacéutica realiza muy poca investigación. Para graficar esta situación le doy un dato: el estudio en ratas vale 1 millón de dólares al año, llevar un medicamento a la venta cuesta 999 millones de dólares.

De acuerdo a su experiencia, ¿En cuántos años más podríamos contar con una cura para el alcoholismo?
Nunca. Nuestras investigaciones podrían contribuir a disminuir los factores genéticos que favorecen conductas alcohólicas. No obstante, no podríamos controlar los factores medioambientales que explican el 40 por ciento restante. Para tener efectividad o resultados, las personas deben tener la voluntad de dejar de ser alcohólicos. Para ese universo de personas, quienes tienen la voluntad de dejar el alcohol, podríamos tener novedades dentro de 10 ó 20 años más. No obstante, tengo la esperanza de ver a alguien que deje de beber gracias a nuestro trabajo.

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